“¿Y si sí?” El espectáculo y la esperanza.
Hoy juega nuevamente la selección mexicana.
Las redes sociales se llenan de una frase tan sencilla como poderosa:
“¿Y si sí?”
¿Y si sí ganamos?
¿Y si sí hacemos historia?
¿Y si sí llegamos más lejos que nunca?
Durante unas horas el país entero parece unirse alrededor de una esperanza compartida.
Pero pocas veces nos detenemos a preguntarnos algo mucho más incómodo.
La frase
¿Y si sí…?
Es una expresión de esperanza.
Pero también puede ser una expresión de renuncia.
Porque esperamos que algo extraordinario ocurra…
sin modificar aquello que sí depende de nosotros.
¿Y si esa misma pregunta la trasladáramos a nuestra vida cotidiana?
¿Y si sí estudio?
¿Y si sí leo más?
¿Y si sí me informo antes de votar?
¿Y si sí dejo de compartir noticias falsas?
¿Y si sí respeto las leyes aunque nadie me vea?
¿Y si sí pago impuestos?
¿Y si sí exijo transparencia?
¿Y si sí participo?
¿Y si sí dejo de esperar al “salvador”?
¿Y si sí hago mi parte?
La Constitución no crea ciudadanos, supone que existen. La democracia tampoco garantiza una buena sociedad, supone ciudadanos responsables.
Ningún Estado Constitucional puede funcionar correctamente cuando la ciudadanía abdica de su papel.
Tal vez la pregunta nunca fue si México podía ganar un Mundial.
Tal vez la verdadera pregunta siempre fue otra.
¿Y si sí dejamos de esperar que otros cambien el país?
¿Y si sí comprendemos que la constitución comienza mucho antes del congreso?
Comienza en cada ciudadano.
En cada decisión.
En cada acto cotidiano.
En cada responsabilidad asumida.
Vivimos preguntándonos si algún día llegará el gobierno correcto.
El presidente correcto.
La reforma correcta.
El partido correcto.
El líder correcto.
Pero quizá llevamos demasiado tiempo formulando la pregunta equivocada. Porque mientras esperamos que otros hagan historia… la historia sigue avanzando sin nosotros.
Y entonces…
la pregunta deja de ser deportiva. Deja de ser política. Deja incluso de ser jurídica.
Se convierte en una pregunta profundamente humana.
¿Y si sí?
¿Y si sí estudiamos?
¿Y si sí participamos?
¿Y si sí pensamos?
¿Y si sí asumimos nuestra libertad?
¿Y si sí dejamos de ser espectadores?