Desenmascarar la estrategia del imperio: la tarea de hoy
El capitalismo ha alcanzado un nivel de desarrollo en el que ya no le es posible sostenerse bajo la premisa de la concentración y centralización de la riqueza en un reducido grupo de propietarios. Nos encontramos en su etapa de descomposición: la era de los enormes monopolios que se ven obligados a parasitar y explotar a otras naciones para poder prolongar su existencia. Es la etapa del imperialismo. Sin embargo, la historia nos ha enseñado que la agonía de un sistema no se calendariza de forma espontánea.
En ese declive, el sistema actual no tiene empacho en inventar guerras, poner en serio riesgo la supervivencia de la humanidad o valerse de cualquier medio para derrocar y poner gobiernos a su antojo. Todo con el único fin de disponer de los recursos naturales y geopolíticos que le son vitales para seguir respirando.
Por lo tanto, cualquier declaración, discurso, proclama, noticia, política pública o acción proveniente del gobierno que representa a estos intereses monopólicos-como el de Donald Trump -no tiene otro objetivo real que la explotación, el terror y la muerte. No comprender esta dinámica es dejarnos engañar y manipular por los intereses de los más ricos del planeta. Para ellos, los pueblos no somos más que una cifra prescindible.
Ante este panorama, la tarea fundamental de nuestro tiempo consiste en desenmascarar los perversos fines que persigue el gobierno estadounidense, independientemente de las siglas o el presidente que ocupe la Casa Blanca. Es urgente que el pueblo y la clase trabajadora ubiquen con claridad al enemigo fundamental de México: los monopolios internacionales y el Estado que los protege. Esto ayuda a no confundirse y hacerle el “caldo gordo” a la derecha pro imperialista.
Esto, por supuesto, no significa que debamos ignorar el frente interno. Adentro también debemos bregar por derrotar a quienes, con su actuación pública, favorecen la política injerencista del imperio. Esos actores están incrustados en todos los partidos políticos. No olvidemos que el gobierno imperialista de los Estados Unidos recluta —frecuentemente a través de la CIA— operarios en todos lados para que le hagan el trabajo sucio.
No obstante, no debemos perder la brújula. Los asuntos internos los resolvemos los mexicanos. Y para resolverlos de manera favorable al pueblo, el primer paso indispensable es romper el nexo que los traidores de adentro mantienen con el gobierno norteamericano. Esa es la tarea histórica de esta Cuarta Transformación.
Pa’lante siempre.