La herencia de Conchello: Chihuahua y la sombra de la CIA
La reciente operatividad de agentes de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) en el estado de Chihuahua —bajo la venia del gobierno de la panista Maru Campos— no es un hecho aislado ni una simple coincidencia logística. Por el contrario, representa la actualización de un expediente histórico que el periodista Manuel Buendía documentó con precisión quirúrgica en la década de los setenta: la simbiosis estratégica entre el Partido Acción Nacional y los intereses de desestabilización de Washington.
Lo acontecido en el norte del país refuerza la tesis de Buendía, quien en su columna “Red Privada” señaló a José Ángel Conchello, entonces dirigente nacional del PAN, como un colaborador clave de la inteligencia estadounidense. Para entender el presente, es imperativo desglosar el modus operandi que Buendía denunció y que hoy parece repetirse bajo nuevas fachadas:
- La diplomacia como cobertura operativa
Buendía no especulaba; identificó con nombre y apellido a jefes de estación de la CIA que operaban bajo el cobijo de la Embajada de EE. UU. en México. Documentó que las reuniones entre Conchello y estos funcionarios no eran cortesías diplomáticas, sino auténticas mesas de coordinación política. Hoy, la presencia de agentes en territorio chihuahuense sugiere que los canales de comunicación directa entre la derecha partidista y las agencias extranjeras siguen tan vigentes como en la Guerra Fría. - El manual de la desestabilización
Durante el sexenio de Luis Echeverría, la apertura hacia el bloque no alineado y la solidaridad con el Chile de Allende provocaron que la CIA activara sus protocolos de contención. Buendía acusó a Conchello de calcar la retórica y las acciones del PAN para que encajaran milimétricamente con los manuales de Washington. El objetivo era —y sigue siendo— generar un clima de confrontación que impida cualquier giro soberanista o de izquierda en la política exterior e interior de México. - El anticomunismo: La herramienta de control
La elocuencia de Conchello y su feroz anticomunismo lo convirtieron en el vehículo ideal para los intereses geopolíticos estadounidenses. Buendía argumentó que las campañas mediáticas de la época contaban con asesoría y financiamiento indirecto extranjero. En el presente, observamos un fenómeno idéntico: actores políticos que reciclan un discurso de odio y condena hacia todo acto solidario de México con naciones hermanas, disfrazando la subordinación a Washington de “defensa de la libertad”. - Puentes con el radicalismo empresarial
La investigación de “Red Privada” reveló cómo la CIA fortalecía a grupos de ultraderecha y sectores empresariales radicales para presionar al Estado. Conchello servía como el puente político entre estos grupos —fomentados desde el exterior— y la oposición institucional. Esta estructura tripartita (Agencia extranjera – Capital radical – Partido político) parece ser el modelo que hoy se intenta reactivar desde los gobiernos estatales de oposición.
Conclusión
La historia no se repite, pero rima. Las circunstancias actuales obligan a tratar este asunto no como una simple nota roja o política, sino como una prioridad de seguridad nacional. Es urgente investigar los vínculos entre los grupos de oposición y las agencias de inteligencia extranjeras. La soberanía no admite concesiones ni facilitadores estratégicos que, a cambio de cuotas de poder, entregan las llaves del territorio a intereses ajenos.
¡Pa’ lante siempre!