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México vence a Brasil en duelo de leyendas

Apenas apareció en las pantallas del estadio Azteca la figura de Ronaldinho, con su característica sonrisa y una inesperada cabellera canosa, la afición reaccionó con entusiasmo. Han transcurrido ocho años desde su retiro del futbol profesional, y ahora se convirtió en el principal atractivo de un partido de leyendas en el que México derrotó 3-2 a Brasil, gracias a un doblete de Oribe Peralta. El encuentro no solo despertó la emoción de los aficionados, sino que también evidenció áreas de mejora en los operativos de movilidad y acceso al estadio, a menos de dos meses del Mundial 2026.

El llamado coloso de Santa Úrsula lució repleto de camisetas mexicanas y brasileñas. Los seguidores, que pagaron boletos con precios que oscilaron entre los 600 y los cinco mil pesos, tuvieron la oportunidad de reencontrarse con figuras que marcaron época en las últimas dos décadas. Entre los protagonistas estuvieron Kaká, Adriano, Julio César, Rafa Márquez, Oribe Peralta y, por supuesto, el siempre carismático Ronaldinho.

Para llegar al recinto, muchos aficionados tuvieron que enfrentar cierres viales y buscar rutas alternas, incluso caminar largas distancias de hasta un kilómetro. A pesar de que las autoridades capitalinas informaron previamente sobre los cortes de circulación y las opciones de transporte público, varios asistentes consideraron que las dificultades fueron excesivas, especialmente porque en distintos puntos de la ciudad y en la red del Metro continúan trabajos de rehabilitación.

Algunos seguidores señalaron que el acceso al estadio sigue siendo complicado y propusieron la implementación de transporte directo desde puntos estratégicos de la ciudad. Otros se quejaron del elevado costo de los estacionamientos cercanos y de la falta de orientación por parte de los elementos de seguridad respecto a los cambios en la circulación.

También hubo quienes se vieron afectados por las obras en el transporte público, lo que obligó a utilizar servicios alternos y retrasó su llegada al partido. Aunque el encuentro estaba programado para comenzar a las cinco de la tarde y contó con un operativo de seguridad integrado por miles de policías, el ingreso al estadio fue lento y congestionado, y todavía había aficionados entrando cuando el partido ya estaba en marcha.

En la renovada cancha del Azteca, equipada con pasto híbrido y un sistema de drenaje modernizado, el equipo brasileño intentó imponer su estilo vistoso y alegre. Ronaldinho, considerado uno de los últimos exponentes del llamado jogo bonito, acaparó la atención del público y recibió constantes ovaciones.

Incluso sus errores eran celebrados por los asistentes. A sus 46 años, el exjugador mantiene la habilidad y la naturalidad para manejar el balón, lo que le permite conservar una conexión especial con la afición.

Desde las tribunas se escuchaban cánticos con su nombre cada vez que tocaba el balón. Las jugadas de Ronaldinho, junto con las anotaciones de Kaká y Adriano, provocaron momentos de nostalgia entre los espectadores, recordando la esencia del futbol brasileño de otras épocas.

Por el lado mexicano, también hubo emociones intensas. Luis Hernández celebró un gol tras un disparo cruzado, mientras que Oribe Peralta fue la gran figura al marcar dos tantos: primero con un remate de cabeza y después con una definición dentro del área, evocando sus mejores años como goleador.

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