El espejo del norte: soberanía y depuración ante la sospecha financiera
La filtración de que el Departamento del Tesoro de los Estados Unidos ha iniciado una investigación contra siete gobernadores mexicanos —entre ellos el mandatario de Oaxaca, Salomón Jara Cruz, por el presunto uso del sistema financiero para el blanqueo de capitales— coloca una vez más sobre la mesa un debate urgente. No se trata solo de un escándalo de redes sociales; es un síntoma de las asignaturas pendientes en nuestra vida pública.
Frente a la intervención o el escrutinio de agencias extranjeras, mi postura ha sido —y seguirá siendo— firme: la soberanía institucional debe prevalecer. Debe ser la Fiscalía General de la República (FGR) la entidad encargada de tomar el hilo de estas filtraciones, indagar a fondo y, de ser el caso, procesar y encarcelar a quienes resulten responsables. La justicia mexicana no puede ser un espectador pasivo de sus propios problemas.
Exigir soberanía, sin embargo, no es sinónimo de complicidad ni de omisión. El gobierno mexicano posee las herramientas necesarias para actuar por cuenta propia. La Unidad de Inteligencia Financiera (UIF) local tiene la capacidad técnica de rastrear cada movimiento, cada cuenta y cada desvío de los señalados. Si hay culpabilidad, debe aplicarse todo el peso de la ley. Pero en este trayecto, la madurez democrática nos obliga a recordar una máxima constitucional: nos guste o no, la presunción de inocencia es un derecho que asiste a todo ciudadano mientras no se demuestre lo contrario. El linchamiento mediático jamás debe sustituir al debido proceso.
El factor tiempo añade gravedad al asunto. De oficializarse estas indagatorias por parte del Departamento del Tesoro, el gobierno federal tendrá que actuar con absoluta pertinencia y celeridad, pues estamos en la antesala de procesos electorales intermedios, un momento crítico que exige blindar las urnas. El Estado tiene la obligación de garantizar que ningún candidato bajo sospecha o con vínculos con el crimen organizado compita por el poder público.
Finalmente, esta crisis representa una coyuntura muy importante para el partido en el poder. Para MORENA, este escenario no debe verse como un ataque, sino como la oportunidad idónea para “limpiar la casa”. Ha llegado el momento de sacudirse a aquellos elementos cuyas acciones caminan en sentido opuesto al proceso transformador de México. La congruencia de la transformación se mide, precisamente, por la capacidad de purgar sus propias filas.
Pa lante siempre.