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El mito del “Narco-Estado” mexicano y el verdadero motor de la violencia

El debate sobre la infiltración criminal ignora deliberadamente el papel de la industria militar, el consumo y la complicidad estructural de los Estados Unidos.

Nadie puede asegurar de forma categórica que ningún elemento ligado al crimen organizado se haya incrustado en algún nivel del gobierno mexicano desde hace décadas. La infiltración es un riesgo histórico. Sin embargo, resulta igualmente irresponsable afirmar, sin un argumento sólido, que las instituciones públicas mexicanas actuales integran un “Narco-Estado”. Semejante etiqueta deja de lado factores geopolíticos y económicos fundamentales que explican la persistencia del problema.

Para entender la realidad del fenómeno, es necesario analizar el origen y los verdaderos beneficiarios de esta maquinaria criminal a través de tres ejes clave:

  1. El origen histórico y el mercado extranjero

Los cárteles mexicanos no nacieron ayer; se forjaron hace décadas, permitidos y dejados crecer por quienes en su momento detentaron el poder político en el país. Además, el mercado interno mexicano de drogas no les garantiza, ni de cerca, el enriquecimiento exorbitante que poseen hoy en día.
El verdadero motor económico es el mercado estadounidense. El consumo de estupefacientes se ha tornado en un problema de salud pública para la Unión Americana, el cual —desde una perspectiva crítica— termina conviniendo al capitalismo imperialista como un mecanismo para controlar a la población y evitar que esta se organice para exigir sus derechos.

  1. La geopolítica de la desestabilización y la impunidad financiera

El narcotráfico ha sido históricamente una herramienta útil para el gobierno estadounidense cuando se trata de desestabilizar administraciones incómodas a sus intereses geopolíticos, tal y como se ha acusado en el caso de Venezuela.
A la par de esto, existe una flagrante omisión en la justicia del norte:

Lavado de dinero:

El gobierno estadounidense no toca de forma contundente a corporaciones financieras ligadas al blanqueo de capitales, como ha ocurrido con el banco HSBC, señalado públicamente en las redes sociales.

Robo de recursos:

Tampoco se procede en contra de las empresas de la Unión Americana que se dedican al robo de combustible mexicano (huachicol).

Distribución interna:

Resalta la inacción frente a los capos y redes operativas en zonas como Fort Bragg (hoy Fort Liberty), señalado por investigadores como un punto neurálgico en la recepción y distribución de la droga que inunda los Estados Unidos.

  1. El eslabón de hierro: Lake City y el negocio de las balas

El factor más alarmante y contradictorio se encuentra en el tráfico de armas y municiones. Actualmente, el gobierno estadounidense no sanciona a la planta de municiones del ejército de Lake City (Lake City Army Ammunition Plant), la cual es operada por el contratista privado Olin Winchester.
Esta planta es el eslabón que une directamente a la industria militar de Estados Unidos con la violencia criminal en México:

  • Sutilmente, surte de municiones tanto al Pentágono como al mercado civil.
  • Entre su producción se encuentran municiones para fusiles AR-15 y cartuchos de calibre .50, exactamente el tipo de arsenal que el crimen organizado utiliza en territorio mexicano para atacar a las fuerzas armadas.

Conclusión:

¿De qué lado está el Narco-Estado?

Existen argumentos de sobra para demostrar lo erróneo y simplista que resulta concebir la existencia de un Narco-Estado en México. Si se analizan fríamente los componentes de consumo masivo, lavado de dinero impune, protección de redes de distribución y el suministro masivo de armamento militar a los criminales, la balanza cambia de dirección. En todo caso, bajo un análisis sistémico, el verdadero Narco-Estado se encuentra del otro lado de la frontera.

Pa lante siempre

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