De la conciencia antineoliberal a la antimperialista: Una necesidad histórica
Para superar el saqueo y la intervención extranjera en América Latina, ya no basta con rechazar las privatizaciones; es urgente identificar la raíz del problema en la fase superior del capitalismo.
Los últimos acontecimientos políticos y económicos a nivel global, y de manera muy particular en América Latina y México, han puesto sobre la mesa una tarea urgente para el pueblo y la clase trabajadora: elevar la conciencia social.
Ya no basta con mantener una postura antineoliberal que se limite a rechazar la privatización de los bienes públicos o la pérdida de los derechos individuales y colectivos. La realidad exige dar un paso hacia una conciencia antimperialista.
Esta evolución ideológica es una necesidad imperiosa para activar la movilización popular en contra de las acciones de los gobiernos imperialistas —encabezados históricamente por Washington—. Estas potencias continúan violando el derecho internacional mediante el intervencionismo en la soberanía de las naciones, el saqueo de los recursos naturales y una naturaleza inherentemente guerrerista.
La raíz económica: “Lenin” y el imperialismo
Para comprender el escenario actual, es indispensable ir más allá de la superficie. Las privatizaciones no son anomalías aisladas, sino la esencia misma del capitalismo en su fase superior y última: el imperialismo. Esta condición fue radiografiada con precisión por Vladimir Ilich Uliánov, “Lenin”, en su célebre ensayo de 1916, El imperialismo, fase superior del capitalismo, escrito en plena Primera Guerra Mundial.
Para entender las intenciones detrás de la política exterior contemporánea, el análisis leninista establece cinco elementos clave que definen esta era:
- El monopolio como base económica
La libre competencia del siglo XIX ha muerto, siendo sustituida por el capitalismo monopolista. En la actualidad, los grandes monopolios globales tienen el poder de fijar precios de manera arbitraria, repartirse los mercados internacionales y eliminar cualquier competencia real.
- El nacimiento del capital financiero
A través de la fusión del capital bancario y el capital industrial, los bancos dejaron de ser simples intermediarios para convertirse en los dueños de las industrias. El resultado directo de este fenómeno es el nacimiento de una oligarquía financiera, donde el poder económico mundial se concentra en poquísimas manos.
- La exportación de capitales
A diferencia del viejo capitalismo que basaba su poder en la exportación de mercancías (como telas o maquinaria), el capitalismo moderno exporta dinero. Debido al “exceso” de capital en los países ricos, las potencias inyectan fondos en naciones periféricas de Asia, África y América Latina, donde la tierra es barata, los salarios son bajísimos y las materias primas abundan. El efecto secundario es devastador: los países receptores quedan atados por deudas crónicas e inversiones extranjeras, perdiendo su independencia real.
- Asociaciones monopolistas internacionales
Los monopolios nacionales ya no compiten de forma aislada, sino que se asocian en trusts internacionales para repartirse el planeta. Cuando el mundo ya está completamente distribuido económicamente, la única forma que tiene un monopolio de crecer es quitándole violentamente su parte al otro.
- El reparto territorial entre potencias imperialistas
La consecuencia directa de la saturación de los mercados es el conflicto. Los monopolios de los distintos países imperialistas utilizan a sus respectivos aparatos estatales para disputarse y re-repartirse las zonas de influencia en el mundo, habitualmente por la vía de las armas.
Desarmar la demagogia
Desnudar la esencia económica del imperialismo es la única herramienta efectiva para que los pueblos no caigan en las trampas demagógicas de las potencias occidentales. Bajo discursos humanitarios que prometen “buscar la democracia”, “combatir el narcotráfico” o “erradicar el terrorismos”, se esconden agendas geopolíticas de control territorial y subordinación económica.
Solo la transición de la queja antineoliberal a la acción organizada y antimperialista permitirá a las naciones de la región defender su verdadera soberanía. La consigna histórica sigue vigente: Contra el imperialismo , unidad de todo el pueblo.
Pa’lante siempre.