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Aliados de papel: El pragmatismo del PT y PVEM frente a la 4T

Ser partidario o militante de la llamada Cuarta Transformación implica mucho más que una simple declaración o el uso de un color partidista. Conlleva la responsabilidad de comprender un proceso histórico: la lucha de un pueblo por vivir mejor, por su soberanía, por la toma de decisiones compartida y por un desarrollo nacional que no se doblegue ante intereses externos ni cúpulas internas.

Sin embargo, en la política mexicana actual, existen todavía actitudes y prácticas condenables en las que el compromiso ideológico suele ser la primera baja frente a la supervivencia financiera. Decirse aliado del cambio sin entender su profundidad es, en el mejor de los casos, un error, y en el peor, un engaño deliberado. En este último escenario es donde se ubican hoy el Partido del Trabajo (PT) y el Partido Verde Ecologista de México (PVEM).

La comodidad del presupuesto

La reciente oposición de estos partidos a la desaparición de las listas plurinominales no es una defensa de la democracia, sino una defensa del privilegio. Durante décadas, estas listas han sido el mecanismo mediante el cual las dirigencias partidarias —muchas veces perpetuadas por años— aseguran su estancia en el erario público sin necesidad de someterse al juicio directo de la urna. La resistencia al cambio no es doctrinaria; es pragmática. Se oponen a que sea el voto popular el que premie al “mejor perdedor”; es decir, al candidato con mayor votación después del que haya sido ganador al tener la mayoría de votos en su distrito, o al que haya ganado en su circunscripción plurinominal.

¿Por qué estos partidos temen dar la cara al electorado? La respuesta es sencilla: la exposición implica compromiso. Al rehuir a las campañas de tierra y a la validación ciudadana, el PT y el PVEM evitan mostrar su verdadera cara y sus posturas reales, prefiriendo la sombra de la coalición que les garantiza supervivencia y recursos.

El costo de la máscara

No nos engañemos: la postura de rechazo a la Reforma Electoral por parte de estos aliados no es una cuestión de principios. Es una actitud pragmática calculada bajo un estricto interés económico y de cuotas de poder. Para ellos, la política no es un servicio, sino un negocio de rentabilidad garantizada.

Sin embargo lo rescatable de este episodio es la claridad que arroja sobre el tablero político. Al oponerse a una reforma que busca democratizar el acceso al poder legislativo, estos “aliados por conveniencia” finalmente se quitan la máscara y el pueblo, cada vez más politizado, comienza a ubicarlos en su justa dimensión: la de los oportunistas; pero este fenómeno no es exclusivo de los aliados externos. Lo mismo ocurrirá con aquellos miembros de Morena o funcionarios gubernamentales que, bajo el disfraz de ser obradoristas, actúan de forma contraria a los principios que dicen defender. Al final, el proceso histórico no perdona las simulaciones; la conveniencia tiene fecha de caducidad, pero la memoria del electorado es de largo aliento.

Pa lante siempre.

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