Soberanía o subordinación: El salto cualitativo que México necesita
Tras casi cuatro décadas de resistir el embate de políticas privatizadoras, el pueblo de México ha alcanzado una madurez política innegable. La experiencia histórica de ver cómo las ramas estratégicas de la economía y los recursos nacionales eran entregados a oligarquías trasnacionales —bajo la promesa incumplida de un progreso que solo llegó a las élites— ha forjado una conciencia social lúcida. Sin embargo, el diagnóstico actual sugiere que reconocer el fracaso del modelo neoliberal ya no es suficiente; el momento histórico exige un desplazamiento del eje: pasar del antineoliberalismo al antimperialismo.
El sistema detrás de la política
Es imperativo comprender que el desmantelamiento del Estado no fue un error de cálculo, sino un requisito de subsistencia para los grandes capitales, predominantemente norteamericanos. El neoliberalismo es solo la herramienta; el motor es un sistema imperialista que ha diseñado un orden global a su medida.
Desde la imposición del dólar como moneda universal y el control de un sistema financiero unipolar, hasta el uso discrecional del veto en el Consejo de Seguridad de la ONU, todo converge en un mismo fin: garantizar el dominio de los monopolios. Bajo esta lógica se explican las guerras del complejo militar-industrial, el asedio a gobiernos progresistas y los bloqueos anacrónicos a naciones soberanas como Cuba.
La contradicción fundamental
La gran tarea de nuestra generación es resolver la relación de México con este poder imperial. No se trata de una postura ideológica abstracta, sino de una necesidad de supervivencia nacional. Para avanzar, es indispensable que el Estado, bajo un proyecto genuinamente popular y progresista, retome el control directo de los sectores estratégicos de la economista, ya sea expropiando y renacionalizando empresas, o mediante la creación de las mismas.
Este fortalecimiento estatal debe ir acompañado de pilares internos sólidos:
* Educación con sentido social: Aplicar con rigor el espíritu humanista del Artículo 3° Constitucional.
* Justicia laboral: Blindar los derechos de la clase trabajadora, tanto en el campo como en la ciudad.
* Soberanía real: Devolver al pueblo la capacidad de decidir su destino sin tutelajes externos.
Conclusión: El imperativo de la congruencia histórica
En última instancia, la lucha por la justicia social en México está indisolublemente ligada a la lucha contra la hegemonía externa. No se puede aspirar a un bienestar interno real si se permite que el destino nacional siga subordinado a los intereses de las metrópolis financieras. La conciencia antimperialista no es un aislamiento, sino la forma más elevada de solidaridad con todos los pueblos que hoy enfrentan a las transnacionales como enemigo común.
Comprender esta gran tarea nos permitirá no equivocar el rumbo. El reto es no cometer el error de favorecer, por omisión o ingenuidad, a las fuerzas imperialistas con acciones que no correspondan a la urgencia de nuestro tiempo. México tiene ante sí la oportunidad histórica de romper las cadenas de la dependencia; el camino está trazado, solo falta la voluntad de transitarlo sin concesiones.
Pa lante siempre