Todos los derechos reservados Acierta.mx 2024

El espejismo Epstein: La verdadera maquinaria detrás de las guerras de Washington

Por Adrián García Enríquez

En los últimos tiempos, una narrativa tan morbosa como simplista ha comenzado a ganar terreno en los análisis de ciertos comunicadores: la idea de que la agresiva política exterior de Estados Unidos —particularmente su hostilidad hacia Irán y su férrea defensa de Israel— es el resultado de un chantaje. Según esa versión, el Estado de Israel manipularía las decisiones de Donald Trump bajo la amenaza de revelar información comprometedora de los “Archivos Epstein”, vinculando al presidente norteamericano con redes de tráfico de menores y abuso sexual.

El carácter expansivo y violento del capitalismo.

Sería ingenuo negar el terremoto político y moral que una revelación de tal magnitud supondría para la estabilidad de cualquier figura pública. Sin embargo, concederle a este presunto chantaje el papel de motor principal de la maquinaria intervencionista estadounidense es un error analítico grave. Significa cerrar los ojos ante la esencia misma del problema y obviar el motor histórico de la guerra: el carácter inherentemente violento y expansivo del capitalismo.

La historia nos demuestra que la sangre no es un accidente en el desarrollo del capital, sino su combustible. Desde su etapa de libre mercado hasta su consolidación en grandes monopolios —esa fase superior que Vladimir I. Lenin definió con precisión como “imperialismo”—, la violencia ha sido una constante.

El capitalismo chorrea sangre por todos los poros

Bien lo advertía Karl Marx en su obra cumbre, El capital, al analizar la llamada acumulación originaria: “Si el dinero viene al mundo con manchas de sangre en una mejilla, el capital lo hace chorreando sangre y lodo, por todos los poros, desde la cabeza hasta los pies”.

A la luz de esta realidad, la agresión sistemática contra los pueblos soberanos no puede ni debe ser reducida a un problema personal, moral o psicológico de quien temporalmente ocupa el Despacho Oval. Los presidentes estadounidenses, más allá de sus estridencias o escándalos, son en última instancia ejecutores disciplinados de los mandatos de una estructura de poder mucho mayor: los magnates del complejo militar-industrial.

La guerra como modelo de negocio imperialista.

El entramado corporativo y armamentístico del capitalismo imperialista es un ente ávido de conflictos. La guerra no es para ellos un fracaso de la diplomacia, sino un modelo de negocio indispensable. Necesitan los conflictos bélicos para justificar la producción masiva de armamento y absorber los monumentales presupuestos del Estado —convertido en un comprador cautivo de su propio arsenal— y, por supuesto, para asegurar el control geoestratégico de territorios y recursos vitales para sus industrias.

La guerra como acción sistemática de la oligarquía

El debate central está mal planteado. No se trata de especular si Donald Trump padece algún tipo de deterioro cognitivo o si su lóbulo frontotemporal está afectado. Tampoco se trata de reducir la geopolítica mundial a los oscuros secretos de alcoba de la élite. Se trata de reconocer la acción sistemática de una oligarquía que ha hecho de la economía de guerra la condición vital para su propia supervivencia.

Donald Trump, al igual que otros antes que él, es solo una pieza en el tablero; un títere útil del sistema. Él no es el arquitecto último de las decisiones imperiales. Si realmente fuera un individuo desequilibrado actuando por la libre y poniendo en riesgo los verdaderos intereses de la nación por un chantaje personal, la pregunta cae por su propio peso: ¿Por qué el Congreso de los Estados Unidos no lo ha destituido?

La respuesta es escalofriantemente sencilla: porque, al final del día, el negocio de la guerra sigue marchando a la perfección.

Pa’lante siempre.

Share With:
Rate This Article

demo@demo.com

No Comments

Sorry, the comment form is closed at this time.