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La orfandad de las bases: Morena y la simulación democrática en Oaxaca

El pasado domingo 1 de marzo, el Comité Estatal de Morena en Oaxaca vivió una jornada de renovación interna. Se eligieron nuevas figuras para la presidencia, la secretaría de formación política y la de organización. Sin embargo, más allá de los nombres que hoy ocupan las sillas del poder partidista, la jornada deja un sabor amargo y una interrogante punzante: ¿Qué será de la vida partidaria del instrumento político que debe ser el sostén de la llamada Cuarta Transformación, si se abandona la participación de la militancia? Y es que la relevancia de este proceso no es menor. Morena tiene ante sí la responsabilidad histórica de conducir el cuarto tiempo de esa sinfonía que es la lucha histórica del pueblo por su soberanía, independencia y democracia. No obstante, lo de ayer parece distar mucho de una composición heroica para parecerse, más bien, a un arreglo de escritorio.

Un nombramiento sin raíz

Como ya es una costumbre lamentable en nuestro estado, la militancia oaxaqueña fue el gran convidado de piedra. Los nuevos integrantes —que no dirigentes, pues la dirigencia se gana con el consenso de los dirigidos— fueron designados bajo una lógica que, si bien puede presumir legalidad estatutaria, carece de legitimidad política.

Se decidió al margen de la base, ignorando a los comités que, en teoría, son la columna vertebral del movimiento. Esto nos obliga a preguntar:

¿Bajo qué criterios decidieron los consejeros?

¿A quién consultaron realmente? No se trata de un ataque contra los elegidos. Prefiero poner atención a lo que para mí es sustancial: el procedimiento. Estas formas cupulares no fortalecen al instrumento que sostiene el proyecto nacional; por lo contrario, lo debilitan desde dentro. Y hay que decirlo con claridad: excluir a la militancia de las decisiones políticas no tiene nada de revolucionario.

Entre el reto histórico y la burocracia “chambista”

Vivimos tiempos que no permiten la complacencia. El avance y la agresividad colonialista y saqueadora de los monopolios transnacionales, así como el asedio de los grupos reaccionarios en México, exigen un partido sólido, no solo en sus discursos, sino en su estructura y métodos de vida interna.

México necesita un instrumento político a la altura de los desafíos globales y nacionales. Lo que menos requiere el proceso de transformación es un aparato burocrático que sirva como refugio para el “chambismo” y el oportunismo de quienes solo buscan vivir del erario.

Si la dirigencia no comprende la importancia estratégica de construir un partido que sea el soporte real del gobierno mexicano y que se finque en el protagonismo de la base organizada, terminará caminando en sentido contrario a los intereses que juró defender.

Morena en Oaxaca tiene una deuda pendiente: dejar de ser una oficina de trámites cupulares para volver a ser el movimiento social que encendió la esperanza del país, de lo contrario se hará un flaco favor a los esfuerzos transformadores del gobierno que encabeza la presidenta Claudia Sheimbaum, quedando su “apoyo” a la Cuarta Transformación en un simple ruido de oficinas.

Pa lante siempre.

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