El universo no se acaba en la aldea: La revocación de mandato a examen
En su célebre ensayo “Nuestra América”, de 1891, José Martí lanzó una advertencia que, a más de un siglo de distancia, recobra una vigencia punzante en la vida política de México: “Cree el aldeano vanidoso que el mundo entero es su aldea”. Con esta frase, el revolucionario cubano criticaba la estrechez de miras de quienes, atrapados en su entorno inmediato, son incapaces de divisar el horizonte más amplio.
Hoy, ante el proceso de revocación de mandato, nos encontramos en una coyuntura donde es vital no sucumbir a esa visión “aldeana”. El ejercicio de democracia participativa que tenemos enfrente —un derecho soberano por definición— corre el riesgo de ser empañado por un manoseo descarado que busca desvirtuar su esencia. Sin embargo, el análisis no puede quedarse en la superficie de la frustración local.
El riesgo del desencanto
Es posible que los resultados de este ejercicio no logren el objetivo que muchos persiguen: el término anticipado del mandato ejecutivo. Si la voluntad popular llegara a verse burlada o manipulada, no tardará en escucharse el coro sincronizado de voceros oficiales y oficiosos. Aquellos enemigos del cambio estarán listos para “sacar raja política”, intentando sembrar el desencanto y frenar el proceso de transformación que vive el país.
Es aquí donde debemos aplicar la máxima de Martí: el universo (la Cuarta Transformación) no se acaba en la aldea (la realidad de Oaxaca). Aunque existen hilos innegables que vinculan ambas dimensiones, sería un error histórico permitir que las formas de hacer política en nuestra entidad nublen la visión de un proyecto nacional que ya ha trazado un rumbo exitoso.
Lo viejo que no muere, lo nuevo que no nace
No podemos tapar el sol con un dedo. Dentro del movimiento y en los distintos niveles de poder, coexisten grupos que —coordinados o por inercia— dañan el proceso de cambio. Esa herencia del pasado debe ser derrotada, pero la política real nos enseña que esto no sucede por decreto ni por simple deseo.
La transición es un parto lento.
Como diría Gramsci, estamos en ese periodo donde lo viejo no termina de morir y lo nuevo no termina de nacer. Superar esta etapa requiere más que quejas; exige un trabajo profundo de organización, formación política y movilización constante que vaya mucho más allá de las marchas.
Una derrota política en las urnas
A pesar de las contradicciones, la cita con las urnas es ineludible. El solo hecho de someter el actuar de un gobernador al escrutinio público ya representa una victoria democrática para el pueblo y, simultáneamente, una derrota política para quien ostenta el poder ejecutivo en el estado.
Si el apoyo que llegara a recibir el gobernador de Oaxaca, Salomón Jara Cruz, no logra superar el 50 por ciento, el mensaje será contundente y la derrota, mayúscula. Mañana la participación no es solo un voto, es un ejercicio de madurez política para demostrar que, aunque la aldea esté en disputa, nuestra visión del universo permanece intacta.
Pa’lante siempre.