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La política como mercancía: El vacío ideológico que nos consume

En el diccionario del neoliberalismo, la palabra “ciudadano” ha sido sustituida por la de “consumidor”. Esta lógica de mercado, que convierte todo en mercancía, ha permeado la fibra más sensible de nuestra organización social: la política. Hoy, la gestión de lo público ha dejado de ser una ciencia sustentada en el análisis de la realidad para transformarse en un producto de estantería, envuelto en celofán y vendido bajo el engaño publicitario.

La política, en su esencia, debería ser el método para comprender y transformar la naturaleza, la sociedad y el pensamiento. Sin embargo, bajo el actual modelo, se ha despojado de su columna vertebral: la ideología. Lo que hoy presenciamos es una “desideologización” estratégica, un vacío programático que no es accidental, sino una herramienta de control.

La era del “político-influencer”

Recorrer las redes sociales de quienes hoy ostentan o buscan el poder es entrar en un catálogo de poses vacías. Vemos a “políticos” —muchos de ellos simples buscadores de nómina o “chambistas” de distintos colores, incluidos quienes en MORENA se dicen de izquierda- más preocupados por el ángulo de su fotografía que por la profundidad de sus propuestas. Se toman fotografía corriendo en pistas deportivas al amanecer, fingiendo jornadas heroicas o abrazando a dirigentes o supuestos “referentes” en un despliegue de servilismo visual. Son expertos en la estética, pero analfabetos en la ética y la teoría. No manejan programas ni plataformas porque eso los obligaría a tomar una postura real y, la postura real de muchos es, simplemente, la ausencia de formación. Ante la falta de ideas, recurren al truco del engaño: vender una imagen falsa para ganar la simpatía de un electorado al que tratan como cliente.

El pragmatismo de la traición

Este vacío de convicciones tiene consecuencias tangibles y dolorosas para el pueblo. Quien no tiene una brújula ideológica se vende al mejor postor. Es así como vemos legisladores aprobando leyes que no han leído, ausentándose de sesiones críticas o bloqueando iniciativas que beneficiarían a las mayorías. El tráfico de influencias y el favoritismo a proveedores se vuelven la norma cuando el servicio público se entiende como un negocio personal y no como un compromiso histórico.

El caso Oaxaca: El espejo del vacío

Oaxaca no es ajena a esta degradación. Basta observar a la actual dirigencia estatal de MORENA para encontrar la confirmación de esta crisis. ¿Dónde están sus planteamientos ideológicos? ¿Cuál es su estrategia política de fondo? ¿Cómo conciben el desarrollo del partido más allá del reparto de cuotas?

La respuesta es un silencio estruendoso, interrumpido solo por el “flash” de las cámaras, entregando reconocimientos a grupos de capacitación que ni idea tiene de lo que significa dirigir una lucha social, mucho menos del método adecuado para realizar un análisis de la realidad. No hay experiencia de lucha, no hay organización de base; solo hay burocracia fotogénica.

Reivindicar la política: Una tarea urgente

Es imperativo rescatar la política de las garras del marketing. La clase trabajadora y el pueblo en general deben comprender que hacer política implica el estudio permanente y el análisis riguroso de nuestra realidad. Solo entendiendo por qué las cosas son como son, podremos organizar la fuerza necesaria para cambiarlas.

No podemos permitir que la “Transformación” se quede en un eslogan de campaña. Necesitamos una militancia y una ciudadanía que exija formación, coherencia y programas claros. La verdadera fuerza de cambio no nace de una selfie bien iluminada, sino de la conciencia organizada. Es hora de dejar de ser consumidores de espejismos y volver a ser los arquitectos de nuestra propia historia.

Pa’ lante, siempre.

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