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El secuestro de Maduro: Un error de cálculo imperial y el inicio de la resistencia

La reciente acción del gobierno de los Estados Unidos contra el presidente Nicolás Maduro Moros no debe leerse, bajo ninguna circunstancia, como una victoria definitiva para Washington. Aunque sectores de la derecha internacional y la oligarquía norteamericana intenten presentar este evento como el fin de un ciclo, la realidad histórica sugiere lo contrario: estamos ante el prólogo de un nuevo y determinante capítulo en la lucha por la soberanía venezolana.

​La narrativa del engaño

​Mientras en ciertos círculos se festeja la agresión del ejército estadounidense bajo el disfraz de una “intervención democrática”, subyace una profunda ignorancia —o una malintencionada distorsión— sobre la naturaleza del poder popular en Venezuela. Quienes celebran, lo hacen cautivos de una narrativa fabricada que etiqueta al proceso bolivariano como “dictadura” o “narcoestado” para justificar el atropello.

​Sin embargo, hay un dato que la realidad les arroja con fuerza: si Venezuela viviera bajo una tiranía represora, las calles estarían hoy inundadas de un júbilo espontáneo por la caída de quien supuestamente los oprime. Pero el silencio de la celebración popular en los barrios y la efervescencia de la indignación patriota cuentan una historia muy distinta.

​El despertar del pueblo en armas

​El cálculo de los invasores comete un error histórico: subestimar al pueblo organizado. El secuestro del presidente legítimo no ha generado un vacío de poder, sino que ha activado la doctrina de la defensa integral de la nación.

“La movilización popular será el segundo Vietnam para los invasores.”

​Siguiendo las directrices constitucionales, el pueblo venezolano no se ha quedado de brazos cruzados. La activación de los destacamentos de milicias populares marca el inicio de una etapa de resistencia armada y defensa de la patria. El mensaje es claro: un presidente puede ser retenido, pero un pueblo consciente y armado en defensa de su soberanía es indomable.

​Conclusión: El fracaso del intervencionismo.

​La historia ha demostrado que las imposiciones externas suelen ser el combustible de los movimientos de liberación nacional. Lo que el imperio presenta como un “rescate democrático” es, en esencia, un secuestro que violenta la voluntad popular expresada en las urnas.

Lejos de claudicar, el espíritu bolivariano se reagrupa. La lucha por la liberación de Nicolás Maduro no es solo la defensa de un hombre, sino la protección de un proyecto de país que se niega a ser colonia. El conflicto apenas comienza, y para los invasores, el costo de este “secuestro” podría ser mucho más alto de lo que sus analistas en Washington previeron.

​Pa’lante siempre.

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