El zarpazo del imperio: Venezuela bajo fuego
La historia parece condenada a repetirse en sus formas más cruentas. Mientras cerramos esta edición, las redes sociales y los cables internacionales estallan con una noticia que debería sacudir la conciencia global: ataques aéreos coordinados contra el territorio venezolano.
Lo que estamos presenciando no es un conflicto aislado, sino una abierta violación a la soberanía nacional de un pueblo hermano por parte de los intereses imperialistas. Esta agresión pone de manifiesto una verdad incómoda que muchos prefieren ignorar: el poder transnacional de los monopolios no conoce la diplomacia ni la amistad; solo reconoce intereses y cuotas de mercado. La ofensiva aérea es, en el fondo, un síntoma de la profunda crisis interna que atraviesa el gobierno norteamericano.
Ante su asfixia económica y el declive de su hegemonía, el imperio recurre a su táctica más vieja y sangrienta: invadir naciones para expoliar sus recursos naturales, sin medir las consecuencias para la estabilidad de la humanidad entera.
Un llamado a la coherencia diplomática
En este escenario, la posición de México no puede ser la de un espectador silencioso. Si bien es imperativo mantener una relación funcional con nuestro vecino del norte, esa vecindad no puede comprarse con el silencio ante la injusticia. La prudencia diplomática tiene un límite, y ese límite es la sangre de un pueblo latinoamericano y el atropello flagrante al Derecho Internacional. El gobierno mexicano debe emitir, de manera urgente, un pronunciamiento de condena abierta y sin tapujos. No es momento de eufemismos; es momento de solidaridad regional.
La barbarie frente a la razón
La acción guerrerista que hoy presenciamos solo puede encontrar eco en aquellos que abrazan el fascismo o en quienes carecen de la más mínima sensibilidad humana. Solo los criminales en potencia y los sectores más oscuros de la política internacional podrían regocijarse ante una acción tan aberrante.
Hoy, la humanidad entera está a prueba. La condena debe ser unánime frente al imperio de los monopolios y sus aliados. No podemos permitir que el “derecho a la fuerza” se imponga sobre el derecho a la autodeterminación.
¡Pa’ lante siempre!