¡Se lo llevó la Matlazihua! Es una expresión popular de los oaxaqueños que se ha convertido un dicho que ha traspasado la línea del tiempo.

Y es que la extraña desaparición de un hombre en estas tierras era obra de la Matlazihua, que significa en dialecto zapoteco “mujer que enreda”, la leyenda narra que una atractiva dama, vestida de blanco, de larga cabellera y hermoso rostro, se escuchaba andar a media noche en las calles empedradas y solitarias de pueblos como Mihuatlán o Santa María Sola de Vega.

Con su peculiar andar, atraía de manera hechizante a cualquier hombre que se le cruzara en su camino para después arrastrarlo a la perdición. Son muchas los relatos de este señuelo femenino, una muy renombrada es que cuando el alumbrado de las calles aún se obtenía por medio de velas, en la Ciudad de Oaxaca se encontraba un General de parranda con unos amigos músicos callejeros, eufóricos en su fiesta caminaron las calles de Oaxaca cuando de pronto, apareció la Matlazihua.

Una hermosa mujer, delgada, vestida de blanco con un rebozo negro y el pelo suelto, la esbelta aparición le hizo una irresistible señal al militar, sin dudar la siguió y los presentes observaron cómo entre las oscuras calles se alejó con la mujer.

De inmediato, comenzaron los gritos; ¡La Matlazihua! ¡La Matlazihua! ¡Se lo llevó la Matlazihua!, el seducido hombre fue localizado hecho una desgracia, bajo el puente en donde corre el río de Jalatlaco, cercano al panteón. Su desdicha se le atribuye a una golpiza de algunas personas quienes habían sido cómplices de aquella hermosa visión.

De esta leyenda oaxaqueña se dice también que durante la época colonial, una mujer real cautivaba a los hombres con su belleza, se los llevaba y los seducía durante ese encuentro los despojaba de sus pertenencias.

Esta actitud de la Matlazihua no era aceptada por los padres conservadores de la buena moral y costumbre de Oaxaca y ordenaron a todos los varones resguardarse en casa antes del toque de oración, así para cuando aparecía el sereno, el encargado de vigilar las calles y regular el alumbrado público con las velas de cebo, todos debían estar en casa ya que alguna bella imagen podría reaparecer.

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