La Organización de las Naciones Unidas (ONU) dio un paso más allá de su labor de emitir recomendaciones frente a la pandemia del Covid-19, al lanzar el primer plan de respuesta conjunto, con el que busca apoyar a los países más vulnerables que no cuentan con infraestructura ni recursos para atender la emergencia global.

Ayer, el secretario general de la ONU, António Guterres, solicitó una ayuda de 2 mil millones de dólares para ayudar a países vulnerables y desgarrados por conflictos en Medio Oriente, Asia, África y Sudamérica y prevenir que el coronavirus vuelva a propagarse por el mundo.

El monto solicitado a la comunidad internacional es “una gota en el océano” comparado con los 2 trillones de dólares que el presidente Donald Trump y senadores de Estados Unidos proponen para proteger a su economía. Es “mil veces mayor a lo que pedimos”, dijo Guterres.

En Washington se debate una propuesta de ley respaldada por el Partido Republicano y la Casa Blanca, que busca amparar con cientos de millones de dólares a las grandes compañías del país; sin embargo, se ha topado con la pared de los demócratas, quienes creen que esta enorme bolsa de recursos no cubre a la clase trabajadora.

Naciones Unidas dará el primer paso para reunir los 2 mil millones de dólares solicitados, al aportar los primeros 60 millones, detalló el titular de la acción humanitaria de la ONU, Mark Lowcock.

Guterres insistió en que estos recursos son esenciales para mantener en marcha las economías en desarrollo, a fin de que sus sistemas de salud puedan enfrentar la pandemia. El dinero también ayudará a los países ya sumidos en crisis humanitarias, provocadas por conflictos, desastres naturales y el cambio climático.

“Lo peor que podría suceder es suprimir la enfermedad en los países desarrollados y dejar que se propague como un incendio en los países subdesarrollados, donde habrá millones de transmisiones, y riesgo de mutaciones, lo cual significaría el regreso del virus”, alertó el jefe de Naciones Unidas.

La pandemia global ha infectado a más de 460 mil personas y matado a más 20 mil en el mundo, paralizando economías e impuesto restricciones a los desplazamientos de millones, para tratar de impedir que el virus siga propagándose y abrumando a los sistemas de salud.

Los organismos dependientes de la ONU se encargarán de llevar a cabo el plan de respuesta, con ayuda de las ONG. La estrategia consiste en entregar equipos de laboratorio y suministros médicos. También prevé instalar puestos de lavado de manos en campamentos para desplazados y asentamientos humanos pobres; lanzar campañas de información masiva sobre cómo protegerse a sí mismo y a los demás y establecer puentes aéreos y centros de distribución en África, Asia y América Latina, para trasladar a los trabajadores y suministros humanitarios a los lugares donde más se necesitan.

António Guterres destacó que el coronavirus representa una amenaza para toda la humanidad “y la humanidad entera tiene que plantarle cara. No basta con la respuesta individual de cada país”.

“DETENER LA CUARENTENA ES LO ÚLTIMO QUE NECESITAMOS”. Después de que el presidente Donald Trump pusiera fecha de término a las restricciones generales contra el Covid-19 (12 de abril), como una manera de reabrir la adolorida economía, el director de la Organización Mundial de la Salud, Tedros A. Ghebreyesus, advirtió que relajar las prohibiciones, que son “vitales” para contener el virus, es un movimiento precipitado que no llevaría a ningún lado.

“Lo último que necesita un país en estos momentos es abrir escuelas y negocios, sólo para verse obligado a cerrarlos de nuevo, debido a un resurgimiento”.

En conferencia de prensa, el responsable de la Salud en la ONU insistió en que los bloqueos actuales brindan a los países “una segunda ventana de oportunidad” para enfrentar la pandemia.

“Entendemos que algunos países ahora tratan de evaluar cuándo y cómo poner fin a esas medidas, pero la respuesta depende de lo que hagan mientras se apliquen estas amplias restricciones”.

Aunque reconoció que el confinamiento no es la única solución, precisó que sirve para “comprar tiempo con el avance de la enfermedad. Para ello habría que fortalecer los sistemas públicos de salud, detectar cada caso sospechoso y aislarlo, hacer pruebas de diagnóstico al mayor número de personas posible, mejorar los servicios sanitarios, poner en cuarentena a los infectados y reorientar las políticas sanitarias”.

Vía La Razón.