El Informador.

Quizá México requiere de jugar en Columbus, o quizá es que necesita que el rival se llame Estados Unidos en esta eliminatoria.

El caso es que el Tri volvió a ser ese equipo anodino que ha mostrado bajo el mandato de Juan Carlos, y negoció un incoloro empate 0-0 en su visita a Panamá.

Ante un Estadio Rommel Fernández lleno, el equipo nacional hizo un partido muy lejano al del viernes anterior, con lo que sacó una igualada que lo deja con buen botín tras dos partidos de visita en el Hexagonal Final de Concacaf.

México llegó a cuatro puntos en la segunda ronda de la eliminatoria para quedar en el segundo puesto del Hexagonal, detrás del líder Costa Rica que tiene seis unidades, empatado con Panamá y una unidad por encima de Honduras, que ganó en casa a Trinidad y Tobago.

 

De héroe a villano

Juan Carlos Osorio no se aguantó las ganas de mantener su famosa rotación, pese a que había condiciones previas para hacer modificaciones.

El colombiano no sólo mandó a Néstor Araujo a jugar de zaguero central para que Rafa Márquez se mantuviera de volante en lugar del lesionado Andrés Guardado; ni sólo puso a Marco Fabián en lugar del ausente Carlos Vela.

El colombiano también decidió mover su esquema con la aparición de Jonathan dos Santos en lugar de Héctor Herrera, y puso en ataque a Raúl Jiménez para acompañar al “Chicharito”, amén del cambio en la portería donde jugó Guillermo Ochoa en perjuicio de Alfredo Talavera.

Cinco modificaciones fueron demasiado de un partido a otro, además del cambio en el esquema al tener que ajustar con la presencia de Fabián y Jiménez.

Entre lo poco que se conocen los que jugaron anoche, el planteamiento del local que moría de miedo con un equipo lleno de recuperadores y sólo un atacante, Blas Pérez; y la actitud pasiva del equipo mexicano que nunca intentó imponer la calidad de sus futbolistas, el primer tiempo transcurrió entre faltas que cortaban el ritmo y nulas llegadas a las porterías.

México no tenía ni la intensidad, ni las intenciones, y mucho menos el futbol que mostró en Columbus, ante un rival que lo estudió mejor, pero que era más limitado que Estados Unidos.