Desde la antigua Roma hasta nuestro desayuno del próximo 6 de enero, la rosca de reyes es ya un emblema navideño que ha pasado toda una vida llena de curiosidades y evoluciones.

El origen de este pan tiene relación con las fiestas de corte pagano durante el siglo II a.C., en las conocidas como Las Saturnales, unas festividades realizadas en la Antigua Roma (en honor a Saturno, dios de las cosechas y la agricultura) que tenían como costumbre despedir la época más oscura del año y dar la bienvenida a la llegada “de la luz”.

Se trataba de una semana de jolgorio, fiestas, banquetes, orgías y regalos que, además, permitía que los esclavos pudieran disfrutar unas jornadas más ociosas de lo habitual, sin diferencias entre los diversos estratos de la sociedad romana.

Además del comelón que se servía en mesas minuciosamente decorados, la torta dulce a base de miel que contenía higos, dátiles y otros frutos secos, era la forma de cerrar con broche de oro tan deliciosos manjares; esta especie de “proto-roscón” caló tan hondo en la sociedad romana que incluso llegó a imponerse a los cambios sociales y religiosos.

Tras la instauración del cristianismo como la religión oficial del Imperio Romano, muchas festividades como Las Saturnales fueron desapareciendo, pero no así la torta de miel que tanto gustaba a los fiesteros romanos.

Con el tiempo, la torta fue adquiriendo nuevos añadidos, como una forma de rosca o el hecho de introducir la conocida haba. Esta legumbre se relacionaba antiguamente con la prosperidad, por lo que al contrario que en el presente, si te tocaba el haba en tu trozo del dulce eras un afortunado al que le esperaba un gran año por delante.

La tradición de comer el roscón durante el solsticio de invierno arraigó con fuerza en la nobleza francesa, que eran asiduos al dulce a la menor provocación. De hecho, se convirtió en una pequeña festividad aquello de reunirse toda la familia para ver a quién le tocaba la legumbre de la buena suerte.

Aunque eso sí, existen diferencias entre el pan del sur de Francia, muy similar al nuestro; y el del norte, (conocido como Galette des Rois), que es más similar a una empanada de hojaldre o a una tarta de manzana, rellena de crema y que también contenía la legumbre.

Tras el paso de los años la historia del roscón sí que tiene que ver con reyes, pero no los magos de Oriente, si no con la corte de Luis XV. Todo sucedió cuando un cocinero muy simpático quiso sorprender al joven monarca en el siglo XVIII, por lo que decidió introducir una moneda de oro dentro de ella a modo de premio.

La legumbre (haba), ante semejante contendiente, pasó a ser un símbolo de mala suerte. Con el paso del tiempo (y un alivio para nuestros bolsillos) la moneda de oro cambió para ser una figurita de cerámica.

Su relación con los Reyes Magos de Oriente es relativamente reciente, ya que se ha establecido como su fecha de consumo especialmente el 6 de enero. Es una tradición que ha sobrevivido a bacanales romanas, fiestas de la burguesía francesa, más de veinte siglos de historia y una pandemia moderna.

Por eso, comamos como comamos la rosca, es una buena ocasión para celebrar con nuestros seres queridos y si te toca el Niño Dios, es toda una bendición y, en México, significa que serás el encargado de los tamales para el 2 de febrero, fecha en que se celebra el Día de la Candelaria.

Nota de origen: https://www.diariodequeretaro.com.mx/cultura/gastronomia/la-emblematica-rosca-de-reyes-de-donde-viene-6200601.html

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