Rebeca Lane, artista guatemalteca que se ha distinguido en la lucha por los derechos de las mujeres, la paz y la libertad de expresión a través del arte, se presentó en la 40 Feria Internacional del Libro de Oaxaca (FILO), donde habló sobre su libro de poesía Hierbamala e interpretó algunas de sus canciones.

Formada inicialmente como socióloga, contó su paso hacia las artes. “Una de las cosas que yo miraba de las ciencias sociales es que no se reconocía el pensamiento latinoamericano, todo lo que era teoría venía de Estados Unidos o de Europa. En primer momento para mí era muy difícil tratar de explicar mi realidad a través de los ojos de un hombre blanco, estadounidense o europeo, que había vivido cientos de años antes que yo”.

“No era para lo que yo me había apuntado, que era entender el mundo para transformarlo. Entonces una de las cosas que me ayudó mucho fue el arte, la radio, la poesía, el teatro. Otras formas de difundir pensamiento, discutir, hablar, pensar con la gente. Entonces para mí entrar al arte fue salirme de esa rigidez de las ciencias sociales occidentalizadas y eurocéntricas”, agregó.

Hierbamala, el libro presentado, concentra poemas de la artista que en su vida cotidiana combina las letras con la música y el teatro. Sobre su acercamiento a este género literario, comentó que “por los 20 años para mí la poesía fue una forma de explicarme a mí misma lo que estaba viviendo. Yo venía de una educación cristiana, conservadora, militarizada. Al salir de ese espacio pequeño que era mi familia, el escribir para mí fue una forma de entenderme y ubicarme. Me sirvió mucho para encontrar una brújula interna”.

El libro y trabajo poético de Lane en general está dotado una carga política alimentada por las diversas situaciones que la artista ha observado y vivido en su natal Guatemala, donde la injusticia como en muchas zonas de Latinoamérica está a la orden del día. “La poesía no sólo ha sido una forma de expresar políticamente lo que está pasando, sino también de encontrar un sosiego interno porque a mí me dan ganas de salir y quemarlo todo”.

Relató que su nombre es en honor a su tía, quien fue secuestrada y desaparecida por el gobierno militar en 1981 debido a su militancia política en la guerrilla. Por esa y otras razones, Lane se hizo activista en organizaciones de familiares de personas desaparecidas o asesinadas por el ejército. Esto la comprometió en otros frentes como la histórica lucha por las tierras de pueblos indígenas y movimientos políticos de obreros y pobladores en contra del neoliberalismo.

Al formar parte de los movimientos sociales notó el poco papel de liderazgo de las mujeres, por lo que empezó a interesarse en las corrientes del feminismo. Haciendo estas labores ha recorrido gran parte del mundo. Es fundadora del movimiento Somos guerreras, través del cual se están creando espacios para mujeres dentro de la cultura hip-hop para la transformación de las relaciones hacia una convivencia más igualitaria y menos sexista.

Luego de la presentación, Lane leyó fragmentos de su libro e interpretó algunas de sus canciones. Invitó al público a buscarla en redes sociales, en donde están los enlaces para adquirir Hierbamala.

Hablan sobre violencia en dos lenguas

La escritora Sara Uribe y la poeta tzotzil Enriqueta Lunez intercambiaron ideas entre sí y con el público en una mesa más de Creación literaria en dos lenguas, grupo de actividades donde se aborda la escritura en la diversidad lingüística, esto en el marco de la 40 Feria Internacional del Libro de Oaxaca (FILO).

La literatura de ambas creadoras tiene especial énfasis en las distintas violencias que atraviesan México. Uribe es autora de Antígona González, libro que retoma la obra de Sófocles para halar sobre las desapariciones forzadas en México. “Para mí ha sido muy definitoria en mi escritura haber aceptado esa encomienda. Desde Antígona empecé a cuestionarme sobre muchas violencias más, no sólo sobre cuerpos de los otros sino sobre mi propio cuerpo, el de otras mujeres”.

La autora también relató sus primeros acercamientos a la poesía. “En la adolescencia quedé en este momento de orfandad donde la lectura se volvió un gran refugio para mí. Pasaba mucho tiempo en una biblioteca. Me escapaba, me iba leer todo el día. Leía poesía. La literatura se convirtió para mí en una forma de escapar de ese mundo que era algo incierto. Por imitación comencé a escribir”. Su primer logro en este ámbito fue ganar un concurso convocado por una radiodifusora con motivo del 14 de febrero.

Lunez, originaria de San Juan Chamula, también habló sobre el papel que juega la violencia de género en su escritura. “Tenemos idea enraizada de que las mujeres tenemos que aguantarlo todo, de que no puedes compararte con un hombre”, dijo sobre este paradigma del cual ha sido víctima, especialmente durante su infancia y juventud en su comunidad.

“No encontraba manera de decirle a mi padre que dejara el alcohol, no encontraba como pararme frente a él y decirle, la única forma que encontré ese momento para decirle a mi padre todo lo que estaba en mí era escribiendo. Entonces escribía cartas y cuando salía de casa se las dejaba. Este fue el primer acercamiento con la escritura”. De ahí dio el paso a la poesía en español y luego en su propia lengua para así nutrir el acervo de textos en tzotzil.

La serie de actividades Creación literaria en dos lenguas forma parte del ciclo Escrituras para reinventar el presente, que aborda temas de actualidad de la mano de personalidades de las letras y ámbitos como el periodismo, la ilustración, entre otros.

Directoras abordan responsabilidad del cine con el medio ambiente

Adriana Otero, Teresa Camou y Mara Polgovsky, tres mujeres cineastas, hablaron sobre el cruce entre séptimo arte, ecología y sociedad en la mesa Ecologías documentales Ambulante, que se ofreció como parte de la 40 Feria Internacional del Libro de Oaxaca (FILO), desarrollada del 17 al 30 de octubre de manera virtual.

Otero, productora y directora de ¿Qué le pasó a las abejas?, habló sobre este documental que aborda la muerte de estos insectos por la siembra de soya transgénica en la península de Yucatán, a cargo de la empresa Monsanto. “Estamos en un punto donde debemos despertar de ese adormecimiento para hacer algo al respecto, porque estamos en la hora cero, en el momento en que todo debe cambiar”, dijo sobre el mensaje de ésta y otras películas de tema medioambiental.

“En este sentido, el cine documental es una forma de activar la movilidad de las cosas. Sin embargo, el documental en sí no funciona por sí mismo sino necesita una audiencia que se mueva con él. El espectador de alguna manera se vuelve aliado de la historia de los protagonistas y su lucha. Nosotros como individuos debemos reflexionar qué podeos hacer nosotros desde donde podemos. La visión de la sociedad debe cambiar, no es problema sólo de una región, es un problema de todos y debemos buscar los mecanismos para buscar una mejoría”, apuntó.

“Como realizadores tenemos una responsabilidad con historias relacionadas con justicia social y cambio climático, que los proyectos no adopten modelo extractivista, es decir, grabar la película y ya, sino que se vuelva un acompañamiento durante y después, y es ahí donde viene el trabajo de incidencia que puede hacer el documental. Le película no termina cuando se proyecta, sino que empieza una nueva vida”, dijo sobre el papel de este tipo de cintas en las luchas que retratan.

Camou relató su trabajo en la Sierra Tarahumara con una compañía teatral donde descubrió la importancia del maíz para los pueblos indígenas. Fue así como realizó Sunú, documental al respecto. En la película retrata como no sólo la economía de muchas comunidades gira en torno al cultivo del grano, también su cultura y modo de vida. En su opinión la obra “pregunta de dónde viene lo que comemos, y que ya no hay relación entre el campo y la ciudad. No sabemos qué hay detrás de la producción de lo que estamos comiendo”.

“En México hay mucho racismo hacia el campesino, lo miran despectivamente, lo consideramos analfabeta, sucio, pero gracias a ellos comemos. Si se llega a liberar el transgénico, muchos de estos productores van a desaparecer. Su semilla es milenaria. Genéticamente esa semilla tiene una resistencia impresionante e invaluable”, agregó.

Polgovsky habló sobre Resurrección, película de su fallecida hermano Eugenio, donde habla acerca de la cascada de El Salto, de Juanacatlán, en Jalisco, que con el establecimiento de un corredor industrial en los 70 sus aguas se volvieron venenosas y destructoras. “Esta película nos habla de una muerte que no termina de llegar. Esta muerte la detiene la memoria. En la medida en que recordamos, estamos deteniendo la muerte absoluta de un ser”, apuntó.

La FILO se distingue por difundir la literatura en diálogo con otras artes como la música, el teatro y, en esta ocasión, el cine. El programa completo de esta fiesta de las letras puede consultarse en www.filoaxaca.com