BB

 

¡Comandante!, ¡comandante!, ¡aquí mi comandante!…. ¡es droga, sin duda, es droga!;  2013, es un año que nunca voy a olvidar, un día en que me tocó servir y descubrir las mañas de algunos malos humanos que dañan a su prójimo.

 Mi nombre es BLACK BERRY, me dicen agente BB y soy un biosensor que forma parte de la Unidad Canina de la Policía Estatal, soy pues, un perro policía especialista en narcóticos, armas y municiones.

 Me gusta mi nombre y me gusta más mi tarea; aquel  seis de noviembre de 2013, supe que lo que hago es muy importante para Oaxaca. Participé en un operativo donde comprendí, que el servicio es un valor que nos permite ser útiles a la comunidad.

 Fue un operativo a una empresa de paquetería, donde, gracias a mi olfato, detecté en el interior de unos botes de plástico paquetes de hierba seca (marihuana), envueltos con pasta de mole negro que intentaban disfrazar el aroma de la droga; pero ¡ah!…mi binomio y yo, no nos dejamos sorprender, lo detectamos e impedimos el envenenamiento de más personas.

 Ponerme a las ordenes no sólo de mis superiores, sino de la sociedad para hacer el bien, es el significado del valor del Servicio, por ello, durante el operativo me esmeré, cumpliendo la instrucción de mi binomio para hallar ese producto que ha dañado tanto y a tantas personas.

 Lo logramos en equipo, mi binomio, Benito Juan Chonteco, es parte esencial de la tarea, somos compañeros, amigos y agentes policiales que nos sentimos felices de servir.

 Servir es mucho más de lo que se espera de uno, el que yo sea un can no significa que no lo entienda, pues a mis siete años y medio de edad, me he especializado para detectar narcóticos, armas y municiones; especialidad que me ayudar a auxiliar, a servir y a proteger a quien lo necesita.

 BB es mi sobrenombre y  mi raza es pastor belga malinois, soy un macho de color apricot y de máscara negra; desde que mis superiores decidieron que saliéramos a patrullar las calles del centro de Oaxaca, ha crecido mi popularidad.

 A los niños les encanta acariciarme y soy feliz, porque con ello, me doy cuenta que el servicio que presto es reconocido y admirado por la gente.

Mi padre RUSO, me heredó el gusto por la investigación, gracias a él y a mis entrenadores soy un rastreador profesional y un perro policía que conoce el valor de servir; a los cuatro meses fui seleccionado para ser parte de la corporación policial del Estado, en la Unidad Canina y, escucho a mis jefes decir que fui seleccionado por mi carácter, mi instinto de presa y mi concentración, lo que me hizo ganar la oportunidad de ser entrenado.

 A los seis meses inicié mi capacitación como perro policía especializado en narcóticos, armas y municiones y cuando cumplí un año con dos meses me incorporaron al área operativa donde hasta hoy, sigo sirviendo a la sociedad.

 Aunque parezca increíble, he participado en más de 320 operativos en coordinación con diferentes corporaciones policiales en los cuales, he logrado localizar distintas armas y diferentes tipos de narcóticos.

 ¿Qué si me canso?… ¡claro que no!  Quien tiene vocación de servicio piensa en los demás, busca el bien común y, elige una actividad en la que puede ser de ayuda, por eso junto con Benito, mi binomio, somos de ayuda para Oaxaca.

 Dicen que casi llego a la edad en que debo retirarme, pero, mientras siga vivo, haré hasta el último esfuerzo por servir a esta comunidad que me recibe a diario con calidez, a los niños que me abrazan, que me fotografían, a las señoras que al verme expresan ternura, a los hombres y mujeres que a diario aportan su granito de arena para que esta tierra crezca.

 Caminaré las calles del centro al lado de Benito, seguiré vigilante en Código Oaxaca, ese programa de acción que el jefe, Alberto Esteva Salinas, instituyó y por el que nos acercamos a la gente, recorremos los mercados, las plazas públicas y mejoramos nuestra relación con la sociedad.

 Servir a la sociedad, esa es la misión, hacer que Oaxaca brille y sea segura… Soy Black Berry, un perro policía y servir es mi misión.